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Vicios y virtudes en Hildegarda de Bingen

Por Hildegard-Redaktion Actualizado el 20 de octubre de 2026 8 min de lectura
Vice and Virtue in Hildegard von Bingen
Índice

Virtud y vicio: suena a Edad Media, a sermón, a dedo acusador. Sin embargo, esta pareja de conceptos ocupa a las personas desde hace más de dos mil años, desde Aristóteles hasta la ética de las virtudes actual. En el siglo XII, Hildegarda de Bingen escribió una de las enseñanzas sobre la virtud más detalladas que existen: 35 virtudes, cada una con su contrario. Quien lee a Hildegarda nota enseguida que no pretendía moralizar, sino observar con gran precisión lo que define al ser humano.

Qué significan realmente virtud y vicio

La palabra alemana para virtud, Tugend, procede del alto alemán medio tugent, literalmente "aptitud", es decir, una fuerza que capacita para algo. En filosofía, las virtudes son actitudes interiores firmes que permiten a una persona hacer realmente el bien. No impulsos espontáneos, sino rasgos de carácter que han ido madurando.

Los vicios son lo contrario: inclinaciones duraderas que arrastran una y otra vez a una persona en una mala dirección. Un detalle importante: una sola acción equivocada todavía no es un vicio. Solo se habla de vicio cuando un patrón se consolida. Ambos se condicionan mutuamente: la paciencia solo se muestra donde surge la ira y se supera. El valor solo se hace visible donde hay miedo.

Las raíces antiguas: Aristóteles y Séneca

En su Ética a Nicómaco, Aristóteles acuñó la famosa fórmula de la virtud como "justo medio". Para él, la valentía está entre la cobardía y la temeridad, la generosidad entre la tacañería y el derroche. En la Antigüedad se consideraban fundamentales cuatro virtudes: prudencia, justicia, fortaleza y templanza, las llamadas virtudes cardinales.

Séneca planteó la pregunta de otra manera: ¿qué hace que una vida sea lograda? En De vita beata ("Sobre la vida feliz") llega a una conclusión clara: felicidad y virtud son inseparables. Quien persigue el placer pierde su libertad. Quien aspira a la virtud encuentra una felicidad independiente de las circunstancias externas. Su frase tan citada "Nadie se vuelve bueno por casualidad" lo resume: la virtud es cuestión de práctica.

La doctrina cristiana del siete y siete

Con el cristianismo se añadieron tres virtudes más: fe, esperanza y caridad. Junto con las cuatro antiguas formaron las siete virtudes principales, frente a las que se situaban siete vicios capitales: soberbia, avaricia, lujuria, envidia, gula, ira y pereza. En el siglo VI, el papa Gregorio Magno dio a esta lista la forma que más tarde se conocería como "pecados capitales".

Virtud Vicio opuesto
Prudencia Pereza
Justicia Ira
Fortaleza Cobardía
Templanza Gula
Fe Soberbia
Esperanza Desesperación
Caridad Avaricia / lujuria

Hildegarda y sus 35 virtudes

Hildegarda de Bingen (de 1098 a 1179) fue monja benedictina, abadesa, compositora, escritora, y una de las pocas mujeres proclamadas más tarde doctora de la Iglesia (por el papa Benedicto XVI en 2012). Su enseñanza sobre las virtudes se encuentra sobre todo en el Liber vitae meritorum, el "Libro de los méritos de la vida", y en el drama musical Ordo Virtutum. Descubre más sobre ella en nuestra biografía de Hildegarda de Bingen.

Donde la doctrina clásica de las siete virtudes trabaja a grandes rasgos, Hildegarda entra en detalle. Describe 35 virtudes, cada una con su adversario. Y hace algo notable: hace que estas figuras dialoguen entre sí. Los vicios salen a escena, dicen su parlamento, describen su visión del mundo, y la virtud correspondiente les responde. Hildegarda representa los vicios de forma sorprendentemente plástica: la soberbia con cabeza de león, la avaricia con garras, la ira con ojos de fuego.

La lista completa

Vicio Virtud
Amor al mundo Amor al cielo
Desenfreno Disciplina
Bufonería Pudor
Obcecación Misericordia
Cobardía Victoria
Ira Paciencia
Inconstancia Anhelo de Dios
Descuido Arrepentimiento
Dureza de corazón Piedad
Hipocresía Sinceridad
Envidia Paz
Vanagloria Anhelo de lo eterno
Desobediencia Obediencia
Incredulidad Fe
Desaliento Esperanza
Lujuria Castidad
Injusticia Justicia
Pereza Fortaleza
Olvido Santidad
Veleidad Constancia
Afán por lo terrenal Deseo de lo celestial
Terquedad Contrición
Codicia Desprecio del mundo
Corazón endurecido Compasión
Desmesura Moderación
Corrupción Salvación de las almas
Soberbia Humildad
Ambición Sobriedad
Mentira Verdad
Pendencia Mansedumbre
Avaricia Generosidad
Gula Templanza
Desesperación Alegría celestial
Murmuración Alabanza de Dios
Impiedad Devoción

Lo que llama la atención en esta lista: Hildegarda se fija en fenómenos que apenas aparecen en la doctrina clásica del siete. La murmuración, por ejemplo: ese descontento silencioso y constante. O el descuido, que no es lo mismo que la pereza. Hildegarda tenía claramente buen ojo para lo que de verdad preocupa a las personas en su día a día.

El Ordo Virtutum

Hacia 1151, Hildegarda escribió el Ordo Virtutum, texto y música. Se considera uno de los dramas sacros conservados más antiguos. En él aparecen dieciséis virtudes, además del alma humana y el diablo. Un detalle notable: el diablo no canta. Solo puede hablar o gritar, porque para Hildegarda el vicio está fuera del orden armonioso. Las virtudes, en cambio, cantan con las melodías que compuso la propia Hildegarda. Descubre más en nuestro artículo sobre la música de Hildegarda.

En el centro está la humildad, para Hildegarda la "reina de las virtudes". No en el sentido de rebajarse, sino como claridad sobre el lugar que uno ocupa como ser humano dentro de la creación.

Lo que dice la investigación

Heinrich Schipperges, historiador de la medicina de Heidelberg, fue quien hizo accesible por primera vez de forma amplia la obra de Hildegarda en el mundo germanohablante. Su idea principal: en Hildegarda, las virtudes no son normas morales, sino fuerzas vitales. Devuelven al ser humano a su propio orden.

En Sister of Wisdom, la medievalista estadounidense Barbara Newman destacó otro aspecto: las virtudes de Hildegarda son todas femeninas, tanto gramaticalmente como en su representación. Newman muestra que no es casualidad, sino una afirmación teológica deliberada sobre la fuerza creadora y ordenadora.

Annette Esser, de la Academia Scivias, relaciona la enseñanza de Hildegarda sobre las virtudes con su concepto de viriditas, la "fuerza verde". En esta lectura, las virtudes son expresión de una fuerza vital creadora, mientras que los vicios son un "marchitarse". Descubre más sobre este concepto en nuestro artículo sobre la viriditas.

En la filosofía moderna fue sobre todo Alasdair MacIntyre quien revivió la ética de las virtudes con After Virtue (1981). Martha Nussbaum le añadió una dimensión política: para ella, las virtudes no son solo un asunto privado, sino la condición de una sociedad justa. Las viejas virtudes reaparecen también en la psicología positiva (Martin Seligman, Christopher Peterson), ahora bajo el nombre de "fortalezas del carácter".

La virtud en la literatura: Séneca, Büchner, Goethe

La idea de Séneca de que felicidad y virtud son inseparables ha ejercido su influencia durante siglos. En el teatro, el tema aparece de una forma muy distinta, por ejemplo en Georg Büchner. La muerte de Danton (1835) muestra lo que ocurre cuando la virtud se convierte en ideología. Robespierre proclama una virtud sin concesiones; Danton vive de forma más compleja, más sensual, más falible. La famosa frase "La virtud debe reinar mediante el terror" se ha convertido desde entonces en símbolo de los peligros de una moral absolutizada. Büchner muestra cómo la virtud se convierte en terror cuando ya no tolera nada humano a su lado.

En Goethe, en cambio, sale a escena el propio tentador: Mefistófeles. Fausto se encuentra entre la virtud y el vicio, una constelación que, no por casualidad, recuerda al Ordo Virtutum de Hildegarda.

Citas célebres

  • "Nadie se vuelve bueno por casualidad." (Séneca)
  • "La virtud está en el término medio." (Aristóteles)
  • "La virtud no es un saber, sino un acto." (Aristóteles)
  • "Quien tiene la virtud lo tiene todo; quien no la tiene no tiene nada." (Cicerón)
  • "La virtud debe reinar mediante el terror." (Robespierre, en La muerte de Danton de Büchner)
  • "La virtud es la salud del alma." (Joseph Joubert)

Lo que queda de Hildegarda

Quien lee hoy a Hildegarda nota enseguida que su enseñanza sobre la virtud no suena anticuada. Se debe a que no entiende las virtudes como normas rígidas, sino como movimientos, como fuerzas. La humildad no es empequeñecerse, sino una forma de claridad. La paciencia no es aguantar pasivamente, sino una actitud. Y los vicios no son simplemente "pecados": en el lenguaje simbólico de Hildegarda, son un marchitarse de la fuerza vital.

Una virtud tiene un peso especial para Hildegarda: la moderación, la discretio. La llama la "madre de todas las virtudes", porque ayuda a encontrar la medida justa en todo, incluso en las demás virtudes. Quien reza demasiado quizá descuide al prójimo. Quien ayuna demasiado perjudica al cuerpo. Esta idea recorre también su enseñanza sobre la vida cotidiana y la alimentación: descubre más en nuestro artículo sobre la alimentación según Hildegarda de Bingen.

Para seguir leyendo

Preguntas frecuentes

¿Cuál es la diferencia entre virtud y vicio?

Las virtudes son actitudes firmes que permiten a una persona hacer el bien. Los vicios son su contrario: inclinaciones arraigadas que arrastran en una mala dirección. Ninguno de los dos es una acción aislada; son rasgos de carácter que surgen de la repetición.

¿Cuántas virtudes describe Hildegarda?

En el Liber vitae meritorum, Hildegarda contrapone 35 virtudes a 35 vicios. En el Ordo Virtutum aparecen además 16 virtudes como figuras personificadas.

¿Cuáles son las siete virtudes principales?

Prudencia, justicia, fortaleza y templanza (las cuatro virtudes cardinales antiguas), más fe, esperanza y caridad como las tres virtudes teologales.

¿Cuáles son los siete vicios capitales?

Soberbia, avaricia, lujuria, envidia, gula, ira y pereza. Esta lista se remonta al papa Gregorio Magno en el siglo VI.

¿Qué es el Ordo Virtutum?

Un drama musical de Hildegarda de mediados del siglo XII, uno de los dramas sacros conservados más antiguos. Hildegarda escribió ella misma el texto y la música.

¿Cómo veía Séneca la relación entre felicidad y virtud?

Para Séneca, una vida feliz sin virtud era imposible. En De vita beata sostiene que solo una vida razonable y virtuosa aporta libertad interior, mientras que el placer y el éxito exterior crean dependencia.

¿Qué papel tiene el tema en "La muerte de Danton"?

Büchner muestra dos polos: la ideología intransigente de la virtud de Robespierre y la actitud vital compleja y falible de Danton. El drama hace visible cómo una virtud absolutizada puede convertirse en terror.

¿Qué virtud es la más importante para Hildegarda?

La humildad: la llama la "reina de las virtudes". En el Ordo Virtutum aparece como una figura coronada y guía a las demás virtudes. La moderación (discretio) también tiene un peso especial para ella.

Aviso: este artículo tiene únicamente fines informativos sobre contenidos filosóficos, teológicos y de historia cultural, así como sobre la tradición de Hildegarda de Bingen.

Este artículo describe la tradición de Hildegarda de Bingen con fines informativos. No sustituye el consejo de un médico o farmacéutico.

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